Sentir y Pensar
Fomenta su autoestima - Paso 2
Cómo favorecer la propia autoestima y la de los hijos
El contacto físico es una necesidad humana básica y universal, imprescindible para crecer física y emocionalmente.
Desde que nacen, los niños necesitan que los toquen y los acaricien. Está probado que para los bebés es beneficioso el contacto piel con piel que tienen con sus padres. Gracias a esta relación se establecen los primeros vínculos afectivos y se logran los primeros aprendizajes.
Con las caricias o los abrazos las personas se sienten realmente aceptadas e importantes para los demás. El contacto físico con otras personas es indispensable para un desarrollo físico y psíquico sano.
Diversos estudios realizados por el psicoanalista René Spitz en orfanatos y casas de acogida demostraron que cuando los niños no reciben una dosis mínima de afecto, sufren una serie de trastornos psíquicos y físicos que les pueden ocasionar una depresión crónica.
Como dice el refrán: El roce hace el cariño
Recibir y dar “caricias” de todo tipo (no solo físicas, ya que también se puede acariciar con la mirada, con gestos, con palabras amables…) es fundamental para sentirse bien y para hacer sentir bien a los demás. Si se recibe afecto, se es capaz de mantener una relación satisfactoria consigo mismo y con los demás.
El contacto humano cálido y agradable ayuda a desarrollar una autoestima positiva.
A medida que los niños crecen, los adultos tienden a disminuir las demostraciones de cariño y se olvidan que todos necesitan de un abrazo de vez en cuando, los niños también.
Cada noche, cuando los niños se vayan a dormir, es importante no olvidar darles un beso de buenas noches…, aunque seguramente muchos ya lo hacen.