Sentir y Pensar

Sentir y Pensar
1° y 2° Básico
Educar las emociones es posible

Cómo influyen las emociones en las reacciones y respuestas corporales

Las emociones producen siempre una respuesta corporal más o menos visible e intensa dependiendo de la importancia que tenga aquello que se siente.

Por ejemplo, si llaman del colegio para avisar que un hijo se ha accidentando durante el recreo y que, aunque no ha sido grave, lo han llevado al hospital, es posible que el susto dado por la noticia provoque palpitaciones, temblor en la voz y en el cuerpo o sudoración.
El cerebro no distingue entre lo real y lo imaginario. Por ejemplo, al tener una pesadilla, a pesar de despertar y reconocer que todo ha sido un mal sueño, el cerebro y el cuerpo reaccionan exactamente igual que si la situación fuera real (se despierta de golpe, se transpira, se sufren palpitaciones…)
Esto también les ocurre a los niños. ¿Cuántas veces ellos se han despertado temblando después de haber tenido una pesadilla?
Pensemos en los efectos de revivir continuamente un suceso negativo o traumático. De alguna manera se vuelve a sufrir innecesariamente. De ahí la importancia de aprender a superar los problemas en forma positiva y práctica. No sirve de nada dar vueltas y más vueltas a algo que ya sucedió, pues la mente y el cuerpo sufrirán una y otra vez las consecuencias de las emociones negativas.

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Muchas enfermedades, tanto físicas como psicológicas, parecen tener relación con un suceso traumático no superado.
Por ello se debe pasar cierto período de duelo ante las pérdidas o situaciones difíciles, pero no quedar pegados en el pasado.


En vez de ello, se puede invertir la situación y aprovechar de forma estratégica este mecanismo para así “engañar” al cerebro. Si se aprende a visualizar momentos felices y agradables, se podrá autogenerar bienestar emocional de manera voluntaria.

¿Cómo aprovechar esta ventaja con los niños?
Se les puede ayudar a que aprendan a relajarse. Para ello, en silencio y con los ojos cerrados, se les cuentan historias placenteras o se les recuerdan momentos felices (actualmente existen libros de relajación y visualizaciones positivas para niños).
Poco a poco, ellos mismos podrán generar sus propias visualizaciones. Con práctica y constancia, dispondrán de un recurso interno muy potente cada vez que lo necesiten.

Las visualizaciones positivas o recuerdos agradables, ayudan a controlar voluntariamente las emociones para sentirse mejor y modificar las reacciones corporales.