La noche del 28 de mayo de 2026 miles de aficionados celebraban en las calles la victoria del equipo de baloncesto local. En medio de la euforia colectiva, Joey Rodríguez, un joven de 17 años y sus amigos circulaban en un auto celebrando, tocando la bocina mientras recorrían la ciudad. De pronto el automóvil golpeó un borde y el adolescente cayó, impactando su cabeza contra el pavimento. El golpe le provocó lesiones cerebrales irreversibles y, días después, los médicos confirmaron muerte cerebral. El Departamento de Policía de la localidad de San Antonio, Texas ha insistido en la importancia de que quienes celebren victorias deportivas lo hagan respetando las leyes de tránsito y permanezcan dentro de los vehículos.
Lo que comenzó como una celebración terminó en tragedia, recordándonos una realidad que inquieta a familias, docentes y autoridades educativas: muchas decisiones que toman los adolescentes ocurren en contextos dominados por la emoción, la presión del grupo y una percepción limitada de los riesgos. En cuestión de segundos, una acción aparentemente inofensiva puede tener consecuencias permanentes.
Por otro lado, datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) continua 2021-2024 reportan que, en ese periodo, el 32.3% de las mujeres adolescentes de 15 a 19 años con inicio de vida sexual reportaron haber estado alguna vez embarazadas.
Estos hechos, como muchos otros que vemos cotidianamente en nuestras escuelas, plantean preguntas fundamentales para la educación: ¿Estamos formando a los jóvenes para pensar racionalmente antes de actuar, especialmente cuando las circunstancias los impulsan a hacer lo contrario? ¿Cómo formar a los estudiantes para que desarrollen la capacidad de pensar con lógica y tomar decisiones más conscientes?
Cuando nos referimos a formar para la toma de decisiones no hacemos alusión a que nuestros adolescentes sean expertos en lógica formal. A lo que nos referimos es a hacer lo necesario para que interioricen en su rutina el detenerse antes de decidir y actuar. Y en esa pausa: pensar, evaluar la información disponible, anticipar consecuencias.
Implica ayudarlos a integrar el pensamiento crítico, creativo y cuidadoso. Es decir, posibilitar que piensen críticamente para analizar la realidad, creativamente para generar alternativas y cuidadosamente para valorar las consecuencias de sus decisiones. Cuando estos tres pensamientos trabajan juntos, la probabilidad de tomar decisiones responsables aumenta significativamente.

Veamos a continuación algunas estrategias que desde las aulas pueden aportar en esta formación:
| Estrategia docente | Acciones concretas | Pensamiento |
| 1. Partir de casos reales cercanos a su realidad: Conectar el aprendizaje con situaciones auténticas que los estudiantes pueden enfrentar. | El aprendizaje situado como una de las metodologías activas centrales de nuestras clases: Partir de la realidad. Analizar noticias o casos reales vinculados con los contenidos, complementando con preguntas como: ¿Qué decisión se tomó? ¿Qué información tenía la persona? ¿Qué alternativas existían? ¿Quiénes fueron afectados? | Crítico: analiza evidencias y decisiones. Creativo: explora alternativas. Cuidadoso: considera impactos y responsabilidades. |
| 2. Enseñar a detenerse antes de decidir: Reducir la impulsividad y favorecer decisiones reflexivas. | Promover la secuencia: Detente → Analiza → Imagina alternativas → Considera impactos → Decide. | Crítico: analiza la situación. Creativo: genera opciones. Cuidadoso: valora consecuencias para sí mismo y otros. |
| 3. Normalizar la pregunta ¿cómo lo sabes?: Desarrollar hábitos de verificación y evaluación de la información. | Preguntar ante cualquier postura o información ofrecida: ¿Cuál es tu evidencia? ¿De dónde obtuviste esa información? ¿Qué fuente la respalda? ¿Qué información falta? | Crítico: distingue evidencia de opinión y evalúa fuentes. |
| 5. Visibilizar las consecuencias a largo plazo: Ampliar el horizonte temporal y ético de las decisiones. | Preguntar: ¿Cómo afectará esta decisión a otras personas? ¿Qué ocurre hoy?, ¿en una semana?, ¿en un año? | Crítico: analiza escenarios futuros. Cuidadoso: evalúa consecuencias personales y sociales. |
| 6. Fomentar la metacognición: Desarrollar conciencia sobre los propios procesos de pensamiento. | Después de una secuencia, actividades o proyectos, preguntar: ¿Qué información tomaste en cuenta? ¿Qué errores cometiste? ¿Qué harías diferente? | Crítico: examina el propio razonamiento. Creativo: identifica nuevas formas de actuar. Cuidadoso: reconoce el impacto de sus decisiones. |
Detenerse a pensar de forma crítica, creativa y cuidadosa antes de reaccionar es indispensable ante una sociedad que apuesta por la inmediatez radical, la sobreinformación que satura y la presión social. Por tanto, es uno de los contrapesos más revolucionarios que la escuela puede ofrecer hoy a sus estudiantes para empoderarlos.
