Desde tiempos inmemoriales a los seres humanos nos ha dado por jugar con las palabras, a las palabras les añadimos música, movimiento, imagen y así es como inventamos la rima, la métrica, es decir, la poesía. Jugando, hemos inventado la aliteración, ese juego que consiste en lograr frases sonoras por medio de la repetición de sonidos como Xavier Villaurrutia, que en su Nocturno dice: “el silbido sabor de la saliva”. Al leer en voz alta notamos ese juego de sonido unido delicadamente al sentido que se vuelve una voz singular y deleitosa. Los poetas, los creadores de la literatura, han hecho con las palabras un canto y un cuento, significados que causan emociones y admiración de manera brillante. Tejiendo delicadamente el lenguaje se han creado sonetos, décimas, liras, ovillejos, rimas asonantes y consonantes y demás formas poéticas que podemos decir, son también juegos del lenguaje.
A toda persona, sea niña o niño, sea adulta o joven, le da por inventar palabras, por pronunciarlas de modo particular, por jugar con sus sonidos y significados, aún sin ser “grandes” creadores literarios; nos gusta inventar, por ejemplo: trabalenguas, adivinanzas, rimas, refranes, chistes, pregones y demás maneras que son muestras de la creatividad popular. Y todos estos – digamos – “inventos”, son formas de jugar y hacer malabarismos con las palabras y sus sonidos.
Hablemos del trabalenguas y la adivinanza, por su peculiar tono juguetón son un excelente medio de introducción en el funcionamiento del idioma. Dos formas del lenguaje que nos invita al reto, a la imaginación y la destreza. En uno se nos reta a pronunciar sin error una frase sencilla, un juego de palabras, sin equivocación, es decir, sin que se nos trabe la lengua. En el otro, el acertijo o adivinanza nos desafía a encontrar la respuesta haciendo uso de una peculiar asociación oculta en las palabras.
Ambas actividades son una delicia para quienes gustamos del lenguaje o bien, para quienes están apropiándose del lenguaje, y es por ello que son altamente recomendables para activar en el aula juegos de lenguaje que nos adiestran y nos habilitan en el lenguaje de manera lúdica y que seguramente, si nos traiciona la lengua, habrá regocijo y risa de los presentes. Habrá sorpresa y admiración de quien dé con el acertijo.
Nos ayudan a practicar el idioma, ampliar el vocabulario, agregar sentido retórico y humorístico, es decir, acercarnos con creatividad al lenguaje y a nuestra forma de hablar. Podemos comenzar con adivinanzas cortas, trabalenguas sencillos y poco a poco agregar complejidad hasta fomentar creaciones propias. Son juegos de lengua y literatura que podemos introducir en nuestro tiempo de lectura, de escritura creativa o bien solo por el placer de jugar con nuestros estudiantes.

Además, las adivinanzas nos ayudan a captar la atención, y los trabalenguas son un ejercicio excelente para agilizar la dicción y practicarlos puede resultar beneficioso para el habla. Para adiestrar nuestra lengua, como grandes personajes de la historia. Les platico.
Demóstenes, sí, aquel político y orador ateniense que vivió entre 384-322 a.C.; fue un joven que tenía dificultad para hablar y que, recurrió a un método peculiar para superarla. Iba a una playa desierta donde se escuchaba el rugir de las olas y entonces se llenaba la boca de pequeñas piedras y empezaba a pronunciar su discurso frente al mar, tratando de superar sus deficiencias, de superar aquella dificultad que le ocasionaban las piedritas en la boca y que le obligaba a vencer la dificultad que le causaban las piedritas en su boca, mientras su voz predominaba sobre las olas del mar. La práctica de esta original manera le ayudó a convertirse en el mejor y más famoso orador de la antigua Grecia.
La intención es que mientras nos apropiamos del lenguaje, también demos lugar a el uso de trabalenguas, adivinanzas, rimas, canciones y demás recursos donde el juego es un sello indiscutible y divertido que nos adiestra y acerca a los usos populares del lenguaje que seguramente nacieron en esas largas caminatas, o al calor de la hoguera que vivieron nuestros ancestros. Saber que tanto las adivinanzas como los trabalenguas son géneros antiquísimos, quizás nos motive a utilizarlos en el aula; considerando aquella antigua adivinanza o acertijo de la Esfinge a Edipo, relatada en la obra Edipo Rey de Sófocles, data del siglo V a.C. Pues bien, disfrutemos del folclore, la tradición, la plasticidad de las palabras y de su valor estético y su contenido sustancioso que siempre nos sorprende y nos activa en el uso y comprensión del lenguaje español.
Jugar con las palabras es una forma de amar nuestro idioma y propiciar la creatividad y el juego para fomentar un aprendizaje activo y atractivo en el cual las palabras son imprescindibles. Me gusta imaginar que las palabras son como un mar de ideas, de pensamientos, de sentimientos, de afirmaciones o dudas, sueños que tejemos con ellas. Porque “el lenguaje es un espacio de libertad y de conciencia crítica”, como expresó el Rey de España, durante la ceremonia de entrega del Premio Cervantes a nuestro compatriota Gonzalo Celorio, a propósito del Día Internacional del Libro.
