Artículo escrito por Violeta Calvo, directora editorial de SM España, con una larga trayectoria dedicada a la creación y dirección de proyectos educativos. A lo largo de estos años ha impulsado propuestas y publicaciones centradas en mejorar la práctica docente y dar respuesta a las necesidades reales de las aulas.
Cada nueva publicación de PISA genera una cadena de reacciones y una nueva e intensa conversación. Desde distintos ámbitos de la sociedad analizamos las posiciones, las puntuaciones, las desviaciones de la media, las tendencias, las diferencias entre países y, dentro de nuestro propio país, entre comunidades autónomas; buscamos explicaciones políticas, sociales, educativas, globales, particulares…
Desde la perspectiva de una editorial no somos ajenos a esta conversación porque, además, hay otros análisis que nos interesan especialmente y que nos sirven para responder a preguntas como esta: ¿en qué nos interpelan estos resultados a quienes elaboramos materiales educativos destinados a la enseñanza y el aprendizaje?
Más que detenernos en los resultados, nos interesa la información que hay detrás de ellos. No pretendemos atribuirnos una responsabilidad que no tenemos: el aprendizaje depende de muchos factores y los resultados de un país (¿el éxito o fracaso de un sistema educativo?), responden a muchas realidades complejas.
Tampoco creemos que PISA deba ser quien marque la manera de actuar en las aulas, pero sí debemos tener en cuenta que nos ofrece evidencias sobre el desarrollo de las competencias de nuestros estudiantes. Esto es, qué son capaces de hacer con lo que han aprendido; si lo saben aplicar o transferir a situaciones reales, cercanas a su entorno y a sus circunstancias.
Comprender un texto, relacionar ideas, interpretar información, cuestionarse y contrastar una afirmación, elegir la estrategia adecuada para resolver un problema, argumentar… Todas estas competencias se relacionan con lo mismo: lo que han aprendido y cómo lo han aprendido.
Esto sí está directamente relacionado con lo que hacemos, con nuestro trabajo editorial. Porque un material educativo no es solo una manera de organizar contenidos: cada texto que seleccionamos, cada explicación, cada actividad, cada problema, cada propuesta de trabajo individual o en equipo suponen un reto de aprendizaje.
Por eso, PISA puede servirnos también como un espejo en el que mirar nuestras propias decisiones.
Preguntas que merece la pena hacerse
PISA nos obliga a responder preguntas para reafirmar o reconducir nuestras decisiones editoriales.
¿Nos quedamos en el propósito?
En educación utilizamos con frecuencia conceptos como competencia, pensamiento crítico, razonamiento, personalización o aprendizaje significativo. Son propósitos importantes; marcan los ejes y las claves sobre los que se articulan nuestros proyectos editoriales.
Por eso, es importante que nos preguntemos hasta qué punto hacemos visibles estos propósitos para los alumnos cuando estudian con nuestros materiales y para los docentes cuando les ofrecemos orientaciones y apoyos para llevar a cabo su labor en el aula.
Por ello, debemos estar seguros de que, en nuestros materiales:
- Aseguramos los aprendizajes esenciales para que todos puedan alcanzar su máximo potencial.
- Identificamos dónde aparecen las dificultades para anticiparlas y ofrecer propuestas para remediarlas.
- Evaluamos para tener evidencias y poder realizar las intervenciones más adecuadas durante el aprendizaje (evaluación formativa): para quienes requieren más apoyos y andamiajes; para quienes necesitan más porque “van sobrados”; y para todos los que necesitan consolidar.
- Creamos las mejores condiciones para que todos puedan avanzar de acuerdo con su ritmo de aprendizaje.
¿Cómo atendemos a la diversidad?
PISA también nos obliga a pensar en otro desafío: cómo conseguir que más alumnos alcancen la excelencia, entendida como la consecución de su máximo potencial.
La excelencia educativa no consiste únicamente en conseguir resultados extraordinarios en algunos alumnos. También consiste en elevar las posibilidades de aprendizaje de todos.
Por tanto, ofrecemos todas las ayudas y apoyos que consideramos necesarios para aquellos alumnos con más dificultades: programas de refuerzo; entrenamiento de destrezas básicas de lectura e interpretación de enunciados; pautas para la resolución de problemas… Pero también nos aseguramos de apoyar a quienes aprenden y pueden avanzar a otros ritmos.
¿Preparamos para PISA?
Nuestra respuesta como editorial no debería ser incluir en los materiales actividades “tipo PISA”, sino desarrollar de forma sistemática propuestas que den la importancia que tienen a destrezas y procesos como comprender, razonar, relacionar, aplicar, argumentar, resolver o hacer transferencias de lo aprendido.
Por todo esto, ante una nueva edición de PISA, además de analizar los resultados y elaborar conclusiones sobre nuestro sistema educativo, la formación de los docentes o las ratios, merece la pena preguntarnos, como editorial:
¿Qué más podemos hacer para ofrecer a los docentes y a los alumnos las mejores herramientas y materiales para que el aprendizaje sea el mejor?
Esa es una pregunta sobre la que sí podemos actuar. Y, probablemente, una de las que más merece la pena hacernos.