El cierre del ciclo escolar es uno de los momentos más intensos para los maestros de todos los niveles escolares. Se tienen que hacer evaluaciones finales, entrega de calificaciones, reportes administrativos, revisión de asistencias, organización de actividades de cierre, despedida de grupos, cursos de actualización y un largo etcétera.
La recuperación de aprendizajes en lectoescritura es un desafío clave, especialmente en educación básica y media superior. Las y los docentes desempeñan un rol central como responsables de implementar estrategias efectivas que atiendan necesidades diversas del estudiantado y promuevan el dominio de la lectura, la escritura y la ortografía de manera sistemática y significativa.
Los conocimientos que se adquieren en el área de lengua deben posibilitar que el alumnado responda ante situaciones comunicativas de la vida cotidiana, en todos los ámbitos en que se desenvuelven: familiar, social, educativo y, más adelante, profesional. Hablamos, entonces, de habilidades trascendentales para el día a día, no de una serie de datos e información que se memorice y que limitemos a evaluar mediante exámenes cerrados. Ante ello, es indispensable replantearnos la manera en que se enseña a leer y escribir, cambiando la mirada hacia opciones como las metodologías activas, la enseñanza personalizada y el trabajo por proyectos.
Como parte de las etapas de desarrollo, el proceso adquisición de la lectoescritura se debe dar principalmente durante jardín de niños y los primeros años de la primaria. Más adelante, una vez que ya cuentan con dominio y fluidez de la lengua y habilidades de comunicación básicas, se puede avanzar hacia el trabajo más complejo en el que se integren de lleno la literatura y la creación.
Comencemos con estrategias para fortalecer la comprensión lectora. Primero, la enseñanza explícita, es decir, cuando el docente muestra de manera directa cómo se comprende un texto. Esto implica anticipar, formular preguntas, aclarar dudas y resumir. Hay que elegir un cuento o escrito adecuado a la edad, a la etapa y que pueda atrapar la atención. Se puede empezar por preguntar al grupo qué entendió y den sus opiniones como lluvia de ideas, para después explicarles aquello que no han entendido. O bien, viceversa, comenzar por dar la interpretación más común o conocida y luego dar paso a las versiones de los discentes.
Por su parte, Annemarie Palincsar y Ann L. Brown propusieron, en la década de 1980, la enseñanza recíproca, que es una estrategia de aprendizaje cooperativo cuyo objetivo es mejorar la comprensión lectora. Tiene cuatro componentes: predecir, aclarar, cuestionar y resumir.
- Predicción: el grupo da opiniones de lo que cree que sucederá en el texto, a partir del conocimiento previo y la información que tengan del mismo.
- Aclaración: el alumnado solicita aclaraciones de partes del escrito que les resultan confusas. Por ejemplo, cuestiones de vocabulario, conceptos, significados o escenas poco claras.
- Cuestionamiento: se plantean preguntas sobre el contenido del texto. Estas pueden apuntar a detalles específicos o ideas clave.
- Resumen: el estudiantado resume las ideas principales con sus palabras. Esto favorece la comprensión y ayuda a identificar la información central.
Se van turnando los equipos de estudiantes para fungir como docentes y guiar la lectura para comprender un texto. Esta propuesta ofrece un enfoque que promueve diálogos entre docentes y estudiantes, lo que facilita la construcción del significado de textos y cierra brechas de comprensión.

Asimismo, Palincsar y Brown afinaron que la comprensión mejora cuando las estrategias se practican de forma guiada y gradual, pasando del acompañamiento docente a la autonomía del alumno.
Otra alternativa son las actividades lúdicas y contextualizadas, tales como clubes o proyectos de lectura por placer, ejercicios con el uso de diccionarios; elaboración del propio glosario; o la invención del final de una historia que se lee de manera individual o grupal. Todo ello puede aumentar la motivación y el compromiso de los estudiantes. Estudios sobre intervenciones didácticas muestran que integrar tareas significativas con apoyo docente enriquece tanto el proceso cognitivo como afectivo del aprendizaje.
Por otro lado, aprender a escribir va más allá de la ortografía, gramática y adquisición de vocabulario. Sin duda, aquello es la base de la competencia, sin embargo, tal como se menciona en Tekman (2023) conviene abordar otros aspectos como:
- La ortografía reglada en la textualización y la autocorrección
- La coherencia, cohesión y adecuación textual
- Las estrategias básicas, individuales o grupales de planificación, textualización, revisión y autocorrección
- El uso de elementos gráficos y paratextuales al servicio de la comprensión
Ahora, ¿cómo podemos llevar esto a la práctica? Revisemos algunas actividades que apuntan concretamente hacia ello. Una primera estrategia consiste en enseñanza explícita y estructurada de habilidades fonológicas y ortográficas, ya que esta favorece la consolidación de destrezas lectoras y ortográficas, aún más en estudiantes con barreras de aprendizaje.
Otra práctica poderosa es fomentar espacios de escritura con retroalimentación formativa. Es recomendable que las y los estudiantes escriban regularmente, pues a medida que lo ejerciten más podrán mejorar en redacción, uso de sinónimos, agilidad, claridad y creatividad. Pero lo anterior solo será posible si reciben orientación detallada sobre sus textos y se abran espacios para reflexionar solo que producen, para mejorar su escritura, ortografía y manejo de vocabulario.
Para aplicar con convicción estas estrategias es necesaria una visión funcional de lo que se enseña, es decir, tener claro que la finalidad primordial de la lectura y escritura es establecer vínculos y expresar pensamientos; es una herramienta social. Desde este punto de vista, acompañar al alumnado a que cree textos coherentes, correctos y con cohesión permite que se desarrollen el pensamiento lógico, la claridad de ideas y organización mental.
Cuando se mencionan estrategias básicas de planificación, textualización, revisión y autocorrección, se refiere a la organización previa que se hace para generar un escrito y su revisión posterior. Es decir, selección del tema, identificar las secciones o partes que se abordarán, saber concluir, emplear conectores adecuados y, una vez concluido, proponer la revisión del resultado para mejorar la calidad. Esto último se puede hacer en pares o por equipos, siempre enfatizando en el respeto y la crítica constructiva.
De la mano con esa estrategia tenemos el uso de elementos gráficos y para textuales. Ello apunta a la enseñanza de recursos como tablas, esquemas, diagramas, infografías e imágenes que puedan servir para preparar y organizar el texto, así como para enriquecerlo. Estos elementos tienen un doble propósito: favorecer la comprensión y transmitir información de forma efectiva.
Podemos concluir que los aprendizajes en lectoescritura requieren un enfoque múltiple: enseñanza explícita, estrategias de comprensión, escritura guiada, atención personal para detectar barreras, uso de metodologías innovadoras y prácticas motivadoras. Como docentes podemos apoyar a niñas y niños para consolidar una competencia fundamental y necesaria para su desarrollo personal, vinculación social, éxito académico y profesional. Y recuerda: el impacto positivo será mayor en la medida en que tú también disfrutes cada actividad y ejercicio, conectes con tu infancia, recuerdes los libros que más te han gustado, te alegres con los avances y resultados del grupo y, en suma, reafirmes lo maravilloso que es descubrir y conectar con el mundo mediante la palabra.

Referencias
- Palincsar, AS. (1984). Enseñanza recíproca de actividades de fomento y monitorización de la comprensión. Cognición e Instrucción, 1(2), 117-175.
- Tekman. (5 de julio de 2023). Cómo desarrollar habilidades de escritura en el aula. https://www.tekmaneducation.com/habilidades-escritura-aula/