El cierre del ciclo escolar es uno de los momentos más intensos para los maestros de todos los niveles escolares. Se tienen que hacer evaluaciones finales, entrega de calificaciones, reportes administrativos, revisión de asistencias, organización de actividades de cierre, despedida de grupos, cursos de actualización y un largo etcétera.
Cada año, cuando llega el Miércoles de Ceniza, algo se mueve en los pasillos de las escuelas católicas. Se cambian los colores litúrgicos, se planifica el viacrucis, se organiza la colecta solidaria. La institución responde al calendario. Y eso está bien.
Pero la Cuaresma en la Escuela Católica puede —y debe— ser mucho más que eso.
La Iglesia propone cuarenta días de conversión. La escuela tiene cuarenta días de formación concreta. Esa coincidencia no es casual: es una oportunidad pedagógica que pocas instituciones del mundo tienen el privilegio de habitar con tanta profundidad.
El Catecismo de la Iglesia Católica describe la Cuaresma como “un tiempo de preparación más intensa” (n. 1438), no como un paréntesis decorativo. Trasladar esa intensidad al entorno educativo es uno de los retos más hermosos —y más exigentes— que enfrenta hoy la comunidad escolar católica.
“La Cuaresma no es un evento en el calendario escolar. Es un aula extendida donde la fe se vuelve experiencia educativa.”
El riesgo de reducirla a símbolos externos
Seamos honestos: en muchas escuelas católicas, la Cuaresma transcurre sin transformar nada sustantivo. Se celebra el Miércoles de Ceniza con devoción genuina, se hace un viacrucis que los alumnos recuerdan por semanas, se lanza una campaña solidaria con buena voluntad. Todo eso tiene valor. Pero si se queda ahí, algo esencial se pierde.
El riesgo no es hacer poco. El riesgo es hacer mucho sin profundidad.
Cuando la Cuaresma se convierte en una secuencia de actos aislados —sin hilo formativo, sin seguimiento, sin impacto en las dinámicas cotidianas de la comunidad— se reduce a tradición repetida. Y la tradición sin sentido, con el tiempo, se vacía.
El Papa Francisco lo ha dicho en más de una ocasión: la conversión que propone el Evangelio no es superficial. En su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (2013) señala que “la propuesta es vivir en un nivel más alto, pero no con menor intensidad.” Eso aplica también a cómo vivimos la Cuaresma en nuestras escuelas.
“¿La Cuaresma está tocando el corazón de nuestra comunidad educativa o solo su agenda institucional?”
Esa es la pregunta que vale la pena hacerse en equipo directivo antes de que comiencen los cuarenta días.
Convertir el aula en espacio de conversión
La palabra conversión suele intimidar. Evoca algo dramático, rupturista. Pero en su sentido más preciso —el griego metanoia— significa simplemente volver al centro, reorientar la mirada.
En ese sentido, convertir el aula en espacio de conversión no requiere transformar el currículo. Requiere intencionar lo que ya está ahí.
En Literatura, los relatos de transformación personal —desde los clásicos hasta la narrativa contemporánea— pueden leerse con una pregunta de fondo: ¿qué mueve a una persona a cambiar de verdad? En Historia, los procesos de cambio social permiten reflexionar sobre la responsabilidad colectiva y la ética de las decisiones. En las clases de Tecnología o Formación Cívica, la Cuaresma ofrece el contexto perfecto para revisar el uso que hacemos del tiempo, de las pantallas, de la atención.
La Cuaresma no compite con el currículo. Lo atraviesa con sentido.
Más allá de las asignaturas, hay decisiones de convivencia que también forman parte de este tiempo: fomentar la reconciliación entre alumnos con conflictos pendientes, revisar los acuerdos de convivencia del grupo, integrar momentos breves de silencio o reflexión al inicio del día. No se trata de extender horarios. Se trata de intencionar momentos que ya existen.
“La conversión que propone la Cuaresma no empieza en el altar. Empieza en el trato cotidiano, en el aula de todos los días.”
Cuaresma y Pacto Educativo Global: una convergencia que no podemos ignorar
El Pacto Educativo Global, convocado por el Papa Francisco en 2019, invita a las comunidades educativas a poner a la persona en el centro, reconstruir relaciones y generar una cultura de cuidado mutuo. Son tres compromisos que resuenan con fuerza en el espíritu cuaresmal.
La Cuaresma ofrece el marco humano y espiritual para hacer concreto ese llamado.
La ecología integral —uno de los ejes del Pacto— encuentra en este tiempo una oportunidad real: reflexionar sobre el consumo, sobre el desperdicio, sobre la relación que tenemos con el entorno. La encíclica Laudato Si’ (2015) del Papa Francisco no es un documento de política ambiental: es una llamada a la conversión del corazón respecto a la forma en que habitamos el mundo. La Cuaresma es el momento para que esa llamada aterrice en la escuela.
La fraternidad, la responsabilidad social y la escucha activa —también pilares del Pacto— se pueden trabajar de manera concreta durante estas semanas: en campañas solidarias con formación de fondo, en dinámicas de diálogo entre estudiantes de distintos grupos, en espacios donde las familias también sean invitadas a participar.
“Cuando la Cuaresma se integra al proyecto educativo desde el Pacto Educativo Global, deja de ser un evento religioso y se convierte en una experiencia formativa integral.”

Cuatro líneas pedagógicas para vivir la Cuaresma en la Escuela Católica
No se trata de añadir más cosas al calendario. Se trata de dar profundidad a lo que ya está planeado. Estas cuatro líneas pueden servir como criterios organizadores para el equipo docente y directivo.
Interioridad. El ruido es el ambiente natural de una escuela. Por eso, crear momentos breves de silencio, oración guiada o reflexión personal tiene un impacto formativo que va más allá de lo religioso: desarrolla la capacidad de escucharse, de pausar antes de reaccionar, de habitar el presente. No son momentos robados al currículo: son momentos que lo enriquecen.
Conversión comunitaria. La Cuaresma es también tiempo de revisar cómo vivimos juntos. Dinámicas de reconciliación entre compañeros, revisión de acuerdos de convivencia, espacios donde los grupos puedan nombrar conflictos y trabajarlos desde la comunidad. La conversión individual siempre tiene una dimensión comunitaria.
Solidaridad con sentido. Las campañas solidarias son valiosas. Pero su impacto formativo depende de si van acompañadas de reflexión sobre las causas estructurales, sobre la dignidad humana, sobre el compromiso cristiano más allá del gesto puntual. La solidaridad sin formación puede quedarse en caridad esporádica. Con formación, se convierte en justicia.
Coherencia institucional. Los alumnos perciben con extraordinaria precisión cuándo hay autenticidad y cuándo hay actuación. Si los directivos, los docentes y el personal administrativo viven la Cuaresma con unidad de propósito —aunque sea de manera discreta— eso forma más que cualquier actividad diseñada para ellos.
“La Cuaresma más poderosa que puede vivir un alumno no está en el programa de pastoral. Está en lo que observa en los adultos que lo acompañan.”
Una oportunidad que no podemos desaprovechar
Vivimos en una cultura que huye del silencio, que fragmenta la atención, que mide el valor de las cosas por su velocidad y su rendimiento. En ese contexto, una escuela que se atreve a proponer cuarenta días de pausa, de profundidad y de conversión no está nadando contra la corriente por cabezonería institucional. Está ofreciendo algo que el mundo genuinamente necesita y que pocos espacios formativos se atreven a dar.
La Cuaresma en la Escuela Católica puede ser un paréntesis litúrgico más, repetido año tras año sin dejar huella. O puede ser un laboratorio de transformación espiritual y educativa que los alumnos recuerden décadas después, no por la actividad que hicieron, sino por algo que se movió en ellos.
En una cultura acelerada, este tiempo ofrece pausa. En una sociedad fragmentada, ofrece reconciliación. En una escuela presionada por resultados, ofrece sentido.
“No es un añadido al calendario. Es una oportunidad estratégica para que la identidad católica de la escuela se vuelva experiencia, no solo declaración.”
La verdadera pregunta no es si celebramos la Cuaresma
La pregunta es si estamos permitiendo que nos transforme como comunidad educativa.
La Escuela Católica tiene el privilegio —y la responsabilidad— de acompañar procesos de conversión desde la infancia hasta la adolescencia, en los años en que la conciencia se forma con mayor plasticidad. Si este tiempo se vive con profundidad y coherencia, puede dejar huellas que ningún programa académico es capaz de producir por sí solo.
Eso no se improvisa. Requiere intención, planificación y convicción compartida entre todos los que forman la comunidad educativa.
Llamado a la acción
Si eres directivo: Antes de que comiencen los cuarenta días, convoca a tu equipo a una conversación corta pero honesta: ¿qué queremos que cambie en nuestra comunidad al término de la Cuaresma? Esa pregunta es el mejor punto de partida.
Si eres docente: Identifica en tu asignatura un momento concreto —una lectura, una pregunta, una dinámica— donde puedas abrir espacio a la reflexión cuaresmal sin forzarlo. La integración más poderosa siempre es la que parece natural.
Si perteneces al equipo de pastoral: Este es el tiempo de no trabajar solos. La Cuaresma más formativa es la que involucra a docentes de todas las áreas, no solo al área religiosa.
Si formas parte de una congregación o institución educativa: Revisa si el carisma de tu comunidad fundadora tiene algo específico que decirle a este tiempo. Muchas congregaciones tienen una espiritualidad cuaresmal propia que todavía no ha sido traducida al lenguaje pedagógico. Ese es un recurso invaluable.
Y si quieres herramientas concretas para planificar estas semanas con profundidad, descarga nuestra guía práctica “40 días para educar el corazón”, con propuestas semanales para docentes, equipos de pastoral y directivos.
Porque la Cuaresma no es solo preparación para la Pascua. Es formación para la vida.
Únete a nuestra comunidad de educadores en WhatsApp:
¿Quieres recibir resúmenes verificados del PEG y materiales listos para aplicar en tu escuela?
Dale clic al enlace y únete ahora mismo a nuestra comunidad:
https://chat.whatsapp.com/GvPrw8FKNjJ31qqbDpiMoA

Referencias
Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1438 · Evangelii Gaudium, Papa Francisco (2013) · Laudato Si’, Papa Francisco (2015) · Pacto Educativo Global, Papa Francisco (2019–2021)