El cierre del ciclo escolar es uno de los momentos más intensos para los maestros de todos los niveles escolares. Se tienen que hacer evaluaciones finales, entrega de calificaciones, reportes administrativos, revisión de asistencias, organización de actividades de cierre, despedida de grupos, cursos de actualización y un largo etcétera.
1. Un mundo que ya cambió: la IA en la vida de nuestros alumnos
No necesitamos estadísticas para darnos cuenta: la inteligencia artificial ya se instaló en la vida diaria de nuestros alumnos. Algunos la usan para hacer tareas “más rápido”, otros para traducir, resumir, escribir, diseñar. Muchos ni siquiera saben que la usan: simplemente siguen lo que les sugiere la pantalla.
La escuela católica se encuentra en una encrucijada delicada:
- Si ignora la IA, queda fuera de la realidad;
- Si la acepta sin discernimiento, corre el riesgo de entregar a sus estudiantes a lógicas que no siempre respetan su dignidad ni su libertad.
La buena noticia es que la Iglesia no está mirando este tema desde lejos. En los últimos años ha ofrecido una serie de luces que pueden ayudarnos a tomar decisiones concretas, también en el colegio.
2. ¿Qué está diciendo la Iglesia sobre la IA?
El Papa Francisco abrió un camino muy claro con su Mensaje para la 57ª Jornada Mundial de la Paz (2024), dedicado al tema “Inteligencia artificial y paz”. Allí pide un diálogo serio sobre el sentido de estas tecnologías, advierte de sus efectos ambivalentes y reclama vigilancia para que no se conviertan en instrumentos de injusticia y conflicto, especialmente contra los más frágiles.
Ese mismo impulso se concreta en el Rome Call for AI Ethics, una llamada a desarrollar y usar la IA respetando la dignidad humana, la justicia, la transparencia y la inclusión, con un énfasis especial en la educación de las nuevas generaciones.
En 2025, la Santa Sede publicó la nota Antiqua et nova sobre los desafíos antropológicos y éticos de la IA. El documento reconoce su potencial, pero habla también de la “sombra” que puede proyectar cuando se usa para manipular, desinformar o controlar, y pide una regulación fuerte y una evaluación moral constante, también en el ámbito educativo.
El actual Papa León XIV ha tomado el relevo poniendo el foco de manera muy directa en los niños y adolescentes. En diversos mensajes ha subrayado que la IA puede afectar su desarrollo intelectual y espiritual, y que son especialmente vulnerables a algoritmos capaces de moldear sus decisiones sin que ellos lo sepan. Por eso pide salvaguardas claras, educación crítica en el uso de medios y una vigilancia responsable de padres y docentes.
A esta línea se suman los mensajes sobre comunicación y redes sociales, que hablan de una “sabiduría del corazón”necesaria para que la IA no sustituya el discernimiento ni la relación humana, sino que les sirva.
Con este marco, la pregunta para un colegio católico en 2025–2026 no es “si” hablar de IA, sino cómo hacerlo. Y ahí entran nuestras cinco preguntas.
3. Cinco preguntas necesarias para nuestro colegio
No vamos a dar un manual técnico, sino algo que la Iglesia nos está pidiendo: examinar nuestra conciencia educativa. Estas cinco preguntas pueden servir como espejo para el consejo de dirección, el equipo de pastoral, el departamento académico… o para todos los docentes.
3.1. ¿Qué tipo de persona queremos formar en una cultura de IA?
Antes de decidir “qué hacemos con la IA”, necesitamos recordar para quién educamos. La Iglesia insiste en que la persona humana no es un dato ni un perfil, sino un ser llamado a la relación, a la libertad y a la trascendencia.
Si el objetivo es solo “competencias” y “eficiencia”, la IA parecerá siempre una aliada perfecta: hace más, más rápido y sin quejarse. Pero si nuestro horizonte es formar personas capaces de sabiduría, compasión y responsabilidad, la pregunta cambia:
En nuestra escuela, ¿estamos pensando la IA desde la lógica del rendimiento… o desde la dignidad de la persona?
Esta pregunta toca el proyecto educativo, el modo de evaluar, el tipo de éxito que celebramos y la imagen de futuro que presentamos a los alumnos.
3.2. ¿Cómo usamos la IA: atajo fácil o camino de aprendizaje?
Hay una tentación muy concreta en el aula: usar la IA como un atajo que evita el esfuerzo. “Que el chat me haga el resumen”, “que redacte el ensayo”, “que me arme la presentación”. Y honestamente: también los docentes podemos caer en lo mismo.
La reflexión de la Iglesia sobre IA y educación insiste en que la tecnología debe apoyar el crecimiento humano, no reemplazarlo. Cuando la IA hace por el alumno lo que él debería hacer para aprender, buscar, comparar, dudar, escribir, equivocarse, le roba un espacio de desarrollo interior.
La pregunta aquí es muy concreta:
¿Nuestros criterios sobre el uso de IA en tareas y trabajos están ayudando al aprendizaje… o solo a que “salgan” las tareas?
No se trata de prohibir todo, sino de diseñar actividades donde la IA pueda ser colaboradora, no sustituto: ayudar a investigar, a comparar fuentes, a revisar un texto… pero sin hacer el corazón del trabajo en lugar del alumno.
3.3. ¿Qué protegemos de manera no negociable?
S.S Francisco advirtió que la IA puede profundizar desigualdades y concentrar poder en pocas manos; la Santa Sede ha hablado de la “sombra de mal” cuando se usa para manipular, desinformar o controlar.
León XIV ha bajado esto directamente al terreno de los niños y adolescentes: está en juego su dignidad, su libertad interior y su desarrollo espiritual.
En una escuela, esto abre un capítulo delicado pero necesario:
- ¿Qué pasa con los datos de nuestros alumnos cuando usan ciertas plataformas?
- ¿Qué criterios tenemos para escoger aplicaciones y servicios “gratuitos”?
- ¿Cómo protegemos nuestra intimidad digital y su tiempo de pantalla?
La pregunta puede sonar dura, pero es honesta:
¿Tenemos claros los “límites no negociables” para proteger a nuestros alumnos en el entorno digital, o seguimos abriendo cuentas y plataformas solo porque “todos lo usan”?
Educar en tiempos de IA implica también decir algunos no claros, precisamente para poder decir sí a un uso más humano y seguro de la tecnología.

3.4. ¿Quién está hablando de esto en nuestra comunidad?
Otra constante de los textos recientes es la insistencia en el diálogo: la Iglesia pide a todos gobiernos, empresas, universidades, escuelas que se sienten a hablar, con apertura y responsabilidad, sobre el impacto de la IA.
En un colegio, esto se traduce en algo muy concreto:
¿Quién está hablando de esto… y quién no?
A veces solo lo conversa el equipo de sistemas, o un grupo de alumnos muy tech. Pero la IA toca a:
- Docentes que corrigen trabajos hechos por chat;
- Familias preocupadas por el tiempo de pantalla;
- Directivos que deben aprobar plataformas;
- Alumnos que reciben impactos emocionales y espirituales que todavía no pueden nombrar.
Quizá un paso sencillo para 2026 sea abrir espacios de conversación estructurados: un consejo ampliado, una asamblea con familias, una jornada de formación para docentes donde se compartan miedos, intuiciones y experiencias. Nadie tiene todas las respuestas, pero todos pueden aportar parte del discernimiento.
3.5. ¿Cómo cuidamos la vida interior en medio de pantallas?
Francisco, y ahora León XIV, insisten en que el gran riesgo no es sólo técnico, sino espiritual: que confundamos información con sabiduría, conexión con comunión, ruido con vida interior.
Si la IA llena todos los huecos “cuando estoy triste, cuando me aburro, cuando tengo miedo”, puede volverse una especie de “ruido de fondo” que tapa la voz de la conciencia y del Espíritu. Y eso, para una escuela católica, es un golpe directo a su misión.
Por eso la última pregunta es quizá la más profunda:
En nuestra escuela, ¿qué experiencias ayudamos a vivir que no pueden ser reemplazadas por un algoritmo?
Hablamos de cosas muy sencillas y muy grandes a la vez:
Un rato de silencio real, una adoración, un retiro, una conversación honesta con un docente, un servicio concreto a los pobres, una liturgia bien celebrada, un proyecto donde los alumnos de verdad se miran, se escuchan y se cansan juntos.
La IA puede hacer muchas cosas; amar, escuchar y adorar no están en su lista de funciones.
4. ¿Cómo trabajar este texto con los educadores?
Como siempre, no queremos que esto se quede solo en la lectura. Una propuesta sencilla:
1. Antes de la reunión
Enviar este documento a los docentes y pedir que cada uno subraye la pregunta que más le incomoda o interpela.
2. En la reunión
- Leer juntos el inicio y las cinco preguntas en voz alta.
- Formar equipos de 4–5 personas. Asignar a cada equipo una pregunta.
- Pedir que respondan brevemente:
- ¿Qué ya hacemos bien aquí?
- ¿Qué tendríamos que revisar con urgencia?
- Poner en común una idea por equipo.
3. Cierre orante
Terminar con una oración sencilla para los alumnos y para quienes desarrollan tecnología, pidiendo sabiduría del corazón para usar la IA al servicio del Evangelio.
Con eso, el colegio ya habrá dado un primer paso: mirar el tema de frente, juntos y desde la fe.
5. Cierre: educar con corazón humano en tiempos de algoritmo
La inteligencia artificial no es un “monstruo” ni un “salvador”. Es una realidad poderosa que, como recuerda la Iglesia, puede servir al bien común o profundizar heridas si no se orienta por criterios éticos y espirituales claros.
Para un colegio católico, el desafío no es volverse laboratorio de gadgets, sino laboratorio de humanidad. Educar en tiempos de algoritmo es decidir, cada día, que el centro sigue siendo la persona, la verdad, la comunión y la paz.
Las cinco preguntas de esta entrada no se responden en una tarde. Pero pueden acompañar todo un año escolar como brújula sencilla:
- ¿A quién queremos formar?
- ¿Cómo queremos que aprenda?
- ¿Qué queremos proteger?
- ¿Con quién queremos conversar?
- ¿Qué experiencia de Dios y de sí mismos queremos que nuestros alumnos se lleven para siempre?
Si logramos mantener vivo este discernimiento, la IA no será dueña de la historia: será, con sus luces y sombras, una herramienta más en manos de educadores que creen que el Espíritu Santo sigue inspirando, también hoy, nuevos mapas de esperanza para la escuela.
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