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La inversión digital, un factor de desigualdad que se agudiza

En la medida en que los centros educativos y toda su comunidad ahonden en la transformación digital, sobrellevaremos los escenarios futuros

La inversión digital, un factor de desigualdad que se agudiza

"Coronavirus", "síntomas", "infección", "mascarilla", "aislamiento"… son algunas de las palabras más buscadas según Google Trends en los últimos 90 días, y es que a nadie le extraña que nuestro vocabulario, amplio de por sí, se haya enriquecido con la crisis sanitaria y lo que estamos abocados a llamar la “nueva normalidad”.

El sector educativo no es ajeno a este fenómeno léxico y en su sector hay palabras que toman fuerza en este contexto, como "cierre", "ratio", "ley"… pero también "aula virtual", "Moodle", "plataforma", "campus online"… Lo que antes era una opción de innovación educativa, hoy se ha convertido en la salvaguarda de algunos centros para dar un mínimo de continuidad al proceso de enseñanza-aprendizaje. 

Las brechas sociales son compañeras de viaje de la evolución de la sociedad y esta crisis, primero sanitaria, económica después, tendrá en el sector educativo un apalancamiento en lo digital para marcar aún más esas diferencias.

La inversión en digitalización en los últimos años ha sido desigual en España. Planes autonómicos que incorporaban dispositivos pero no infraestructura; herramientas digitales que no incorporaban acompañamiento al docente; apuestas particulares de centros e instituciones que no suponían sinergias en el sector… En definitiva, poca cohesión en contenido y forma de lo que debería ser un proceso de transformación educativa.

La historia reciente no está exenta de casos de éxito y quienes apostaron firmemente por la digitalización en los últimos años han vivido esta crisis y su confinamiento con menor necesidad de adaptación que quienes no lo hicieron.

¿Qué es la digitalización de la escuela?

Si algo nos ha demostrado la escuela confinada es que digitalizar no es educar en un nuevo canal. Seis sesiones de clase online acabarían con la concentración de cualquiera, y los procesos de aprendizaje de la escuela no se nutren únicamente de la exposición del contenido, sino que la propia experiencia de aula, las emociones y la colaboración entre iguales tenía tanto o más impacto en la enseñanza que el propio contenido.

La transformación digital en la escuela no puede obviar algunos aspectos fundamentales que cambian de forma radical respecto al mundo analógico:

Gestión del cambio: Los nuevos roles deben llevar asociados una gestión de las personas que los van a vivir. Padres que ganan protagonismo en la enseñanza, profesores que deben realizar un esfuerzo adicional en el seguimiento y evaluación de unos alumnos a los que les pedimos más autonomía que nunca, equipos directivos que deben liderar claustros en la distancia... Sin gestión del cambio, tenemos sufrimiento.

Capacitación: La irrupción de nuevas tecnologías que solventan la distancia social con herramientas digitales necesita de una formación, de lo que son y de lo que aportan. Padres, profesores y alumnos sin formación nos traerán personas frustradas con su día a día.

Acompañamiento: El confinamiento y la distancia social nos han reducido el ámbito de contacto más natural y, en muchas ocasiones, los agentes educativos se enfrentan más solos que nunca a una nueva realidad. Buscar fórmulas de acompañamiento y seguimiento de las personas es crítico para no dejar a nadie atrás.

Nuevas metodologías: Los nuevos entornos facilitan nuevas vías para la enseñanza. No podemos pretender una traslación sin ajustes de las metodologías del aula al mundo virtual. Debemos encontrar la fórmula para la innovación educativa online, así como para un modelo mixto que contemple tiempos de enseñanza presencial con tiempos de enseñanza a distancia.

Cultura del dato: El ingente volumen de información que producimos en los entornos virtuales debe ser digerido de forma que nos ayude a la toma de decisiones. Esta digestión solo puede llevarse a cabo convirtiendo los datos y la información en conocimiento, estableciendo una cultura en la organización que apoye la toma de decisiones basada en datos y con un valor añadido sobre los indicadores.

Contenido de calidad: La sociedad de la información en la que nos movemos nos deja un escenario de fácil "infoxicación". El consumo de contenido por parte de un alumnado debe permitir una autorregulación de los ritmos de aprendizaje, de atención a la diversidad e individualidad de cada persona, y de un feedback tan inmediato como sea posible, es decir, la personificación de la enseñanza.

Redefinición de los procesos: La imposibilidad de efectuar ciertos trámites en lo inmediato y la prevención de riesgos futuros debe ayudar a replantear ciertos procesos de los centros educativos en clave digital. Documentación, informes, comunicación… el mundo digital cambia la forma de relacionarnos y hoy la relación digital es una vía necesaria.

Todas estas claves suponen inversión digital en sí mismas. Existe un riesgo enorme de seguir entendiendo la inversión digital en clave de dotación técnica sin abordar las claves anteriores.
En la medida en que los centros educativos y toda su comunidad ahonden en esta transformación digital amplia, sobrellevaremos los escenarios futuros de la “nueva normalidad”. No hacerlo será una de las claves de la brecha de desigualdad en los próximos años.

La responsabilidad de empujar la inversión digital en su más amplio término está en todos. Familias, alumnos, centros educativos, administraciones y agentes del mundo educativo. Todos tenemos en nuestras manos la oportunidad de escribir un nuevo modelo de escuela del que diremos que vino catalizado por una pandemia.

Quizá, si evaluamos nuevamente los términos más buscados en los próximos años en los buscadores de la red, encontremos entonces palabras como "nueva educación", "transformación", "mejora educativa" o "satisfacción del alumnado." Todo un reto para la comunidad educativa del presente en su re-vuelta a las aulas.

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