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Carta de una maestra: el valor del equipo, un agradecimiento merecido

Una carta de agradecimiento de una maestra a todos los profesores que día a día siguen trabajando por la educación

Carta de una maestra

Vanesa García Pérez es maestra del colegio Montpellier en Madrid y nos ha hecho llegar una reflexión que compartimos con todos vosotros sobre el papel de los docentes en estos días de crisis. 

Ya han pasado dos meses desde que recibimos la noticia que todos sospechábamos, pero que ninguno imaginábamos que nos llevaría al instante en el que hoy estamos. La actividad educativa en las aulas se terminaba y veíamos, sin mucha claridad, salir a nuestros alumnos y familias del que es nuestro colegio, nuestro segundo hogar, sin saber muy bien cuándo se produciría de nuevo el reencuentro. Intuíamos que no sería antes de Semana Santa, pero jamás pensamos que se prolongaría tanto. 

El primer día, tras la despedida, nos reunimos para afrontar la nueva situación y organizar el fin de trimestre, las evaluaciones y puesta de notas. Teníamos en mente mucho sobre lo que trabajar y convocamos encuentros con la mejor intención de dar respuesta a lo que se avecinaba, pero… ¿qué era realmente lo que nos esperaba? 

El cierre de los centros educativos no tardó en llegar y se nos agotó de la noche a la mañana la posibilidad de volver a nuestro trabajo presencial. En un abrir y cerrar de ojos parecía caerse lo que con pasión, esfuerzo y amor habíamos levantado durante años. A la tristeza de la pérdida de contacto físico con los que dan sentido a nuestra vocación se unía la incertidumbre de cómo salvar la nueva situación. ¿Qué podíamos hacer? El sistema sanitario se colapsaba, el problema social no había hecho más que empezar y, poco a poco, las libertades se iban limitando. Nosotros, mientras tanto, en mitad de un mar al que le azotaba la tormenta, sin carta de navegación y en una pequeña barca a la deriva que estaba cargada de dudas, papeleos, asuntos pendientes y miedo a perder el rumbo. Fue ahí, entre la tempestad, donde verdaderamente descubrimos el valor del equipo

A la primera sensación de pérdida se le fue añadiendo poco a poco el sentimiento de unidad. Nunca nos faltaron los remos, pero al principio intentábamos salvarnos con millones de ideas personales que, aunque fuesen muy creativas, se agolpaban caóticamente en nuestras mentes, sin organización. Todos los remos funcionando a pleno rendimiento para llegar a buen puerto y afrontar nuevos retos, pero ante tal tempestad parecían descoordinarse, aunque las intenciones fuesen las mejores. 

Dábamos solución para no ahogarnos, pero todavía nos faltaba dar “un paso más allá” y ahí estaban nuestros capitanes para ayudarnos a ello: gracias. Una de las cosas más importantes que aprendí al estudiar Magisterio fue el valor del trabajo en equipo. En nuestro colegio siempre lo hemos fomentado, pero ahora siento más que nunca lo que eso supone, lo que significa poner los dones de cada uno al servicio del resto. En momentos críticos aprendemos que solos no podemos, pero juntos conseguimos hacer posible lo que parece imposible. 
Ahí estaba nuestro equipo, para reorganizar y redirigir, para ser faro, para sostenernos, apoyarnos, ayudarnos y hacer brillar nuestra gran misión vocacional y educativa. En mitad del caos, los “docentes invisibles” tomamos la firme decisión de remar juntos y de forma coordinada para sacar a flote a nuestros alumnos y familias; y desde entonces no hemos parado. Segundos, minutos, horas, días y meses dedicados a ellos, sin límite de tiempo, buscando ideas, recursos, metodologías activas e interactivas, participando en seminarios, haciendo vídeos de todo tipo, aprendiendo a usar nuevas herramientas, convocando reuniones virtuales y siempre con la preocupación de pensar en si lo estaremos haciendo bien y si atenderemos a sus necesidades, las de nuestros alumnos, de forma individualizada y como merecen. 

Pues bien, probablemente nuestras dudas no se resuelvan, pero al menos tenemos la sensación de “estar en camino”. Ninguno sabemos aún cuál será el destino concreto, definitivo, de nuestra barca, pero de lo que sí estamos seguros y convencidos es de que remamos con el corazón, unidos y con la esperanza depositada en el equipo, en todos los que formamos parte del Sistema Educativo. 

Nuestros alumnos y sus familias son lo primero, los que dan valor a nuestra labor cada día, los que nos hacen levantarnos por la mañana con pasión e ilusión, con la certeza de que la sociedad futura dependerá de lo que hicimos ayer, pero también de lo que hagamos hoy y mañana. 

Muchos son los que están luchando al frente de esta pandemia desde el comienzo, y damos gracias por ello, por estar ahí salvando vidas cada día, sin a veces protección adecuada y con jornadas interminables, pero entregados a la humanidad, a los demás. Nosotros tampoco hemos abandonado nuestra misión y nuestro mejor regalo es saber que aquellos que dan sentido a nuestra vocacional profesión también están bien, atendidos, cuidados y acompañados. 

Nunca será lo mismo estar al otro lado de la pantalla porque, como decía Gabriel Celaya: “Educar es lo mismo que poner motor a una barca. Hay que medir, pesar, equilibrar y poner todo en marcha”. Todo lo que eso supone no lo sustituye la pantalla, pero estamos trabajando para que el paso de los remos al motor siga inspirando y pueda beneficiar la Educación, pilar fundamental de la sociedad. 

Recordemos que nuestro futuro depende de ellos, de nuestros niños y adolescentes, grandes héroes. Es momento de darles también el valor real que merecen haciendo que la transición les permita sacar su mejor versión, desarrollar al máximo sus potencialidades y capacidades para que el día de mañana se mantengan unidos con la intención de construir un mundo mejor, donde la pandemia del “yo, me, mi, conmigo” pase al “tú, te, ti, contigo”, donde yo aprenda a ser yo también con el otro, con el mundo y con Dios. 

Que la misión, visión y valores de nuestros centros -hablo del mío, franciscano, pero es aplicable a más- sea ahora, más que nunca, fruto de la unión y que nuestro día a día nos recuerde lo que nos decía nuestra fundadora Carolina Baron: “Solo llegando al corazón, estáis haciendo verdadera educación”. 

Nos queda mucho mar por navegar, mucha incertidumbre por resolver, pero juntos, unidos, lo conseguiremos porque somos un gran equipo. Recordemos aprender del pasado para surcar el presente y poder construir un mejor futuro. Ante los problemas buscamos y buscaremos juntos soluciones, porque ya no nos vale el “siempre se hizo así”, porque estamos en momentos de cambio, de movimiento, “algo nuevo está brotando, ¿no lo notáis?”, como decía Isaías. Siempre en marcha, siempre en camino… 

Sí, volveremos a las aulas ilusionados, dispuestos a lo que sea para el bien común, manteniendo la calma y la esperanza ante los que nos esperan, con la bandera del amor ondeando en lo más alto y, más que nunca, con la memoria agradecida y el horizonte abierto. Paciencia y fe. Paz y bien.

Un infinito aplauso para todos, un gracias a los que forman parte de este viaje y mucho ánimo.

Vanesa García Pérez
Colegio Montpellier, Madrid

 

Comentarios

Gracias Vanesa por tu acertada reflexión en estos tiempos. Me gusta todo lo que dices y resalto la importancia de "aprender del pasado para surcar el presente y poder construir un mejor futuro"Es cierto que "Ante los problemas buscamos y buscaremos juntos soluciones, porque ya no nos vale el “siempre se hizo así”, porque estamos en momentos de cambio, de movimiento, “algo nuevo está brotando, ¿no lo notáis?”, como decía Isaías. Siempre en marcha, siempre en camino". Vanesa juntos podremos mejorar el presente y proyectar el futuro. Un Equipo como el de Nuestro Colegio Montpellier puede lograrlo.
Agradecimiento por tus palabras

Buenas tardes, M Ángeles. Muchas gracias por tu comentario. Un saludo, Equipo SM

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