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Viernes, 26 Abril, 2019 - 15:15

Integrar la neuroeducación desde los 3 años mejora el aprendizaje y el bienestar emocional del niño

  • La neuroeducación supone una nueva mirada al aprendizaje y a la enseñanza, lo que ha fundamentado, científicamente, las buenas prácticas llevadas a cabo en la escuela, y ha sistematizado el desarrollo de habilidades cognitivas a través de las llamadas funciones ejecutivas.
  • Se ha descubierto que los procesos cognitivos y emocionales son un binomio neuronal, por lo que fortalecer las capacidades cognitivas de los niños contribuye a su bienestar emocional, y este, a su vez, condiciona y favorece un mejor razonamiento y aprendizaje de los contenidos.
  • SM lanza para Educación Infantil el método Castoria, basado en las últimas investigaciones de neuroeducación, integrando de manera transversal el desarrollo de las funciones ejecutivas más acordes con esta etapa: memoria de trabajo, control de la atención, resolución de problemas e inhibición del impulso. Con un programa de educación socioemocional para aprender a descubrir las emociones y gestionar su relación con los demás.

Madrid, 26 de abril de 2019.- El cerebro humano, sus complejas conexiones neuronales y descifrar cómo aprende son desafíos pendientes para la neurociencia. No obstante, esta disciplina sí arroja luz sobre el modo en que el cerebro atiende, procesa y almacena la información, lo cual nos permite identificar procedimientos eficaces para mejorar la calidad del aprendizaje. Sobre esta premisa emerge la llamada neuroeducación, una corriente que aglutina visiones de la pedagogía, la neurobiología y la psicología, entre otras ciencias cognitivas.

Supone, por tanto, una nueva mirada al aprendizaje y a la enseñanza, que ha fundamentado científicamente buenas prácticas en la escuela, y sistematizado el desarrollo de habilidades cognitivas a través de las llamadas funciones ejecutivas.

Para Augusto Ibáñez, director corporativo de educación de SM, “hay que acercarse a la neuroeducación con un sano escepticismo, huyendo de muchos neuromitos no contrastados y que no tengan sentido ni finalidad pedagógica real”. Según Ibáñez, entre las aportaciones más relevantes de la neuroeducación destaca la plasticidad cerebral, que rompe con los determinismos genéticos y sociales, ya que “las habilidades cognitivas y sociales se aprenden, y es en la escuela donde se da el marco más propicio para su trabajo sistemático”.

Además, se ha descubierto que los procesos cognitivos y emocionales son un binomio neuronal, por lo que fortalecer las capacidades cognitivas de los niños contribuye a su bienestar emocional, y este, a su vez, condiciona y favorece un mejor razonamiento y aprendizaje de los contenidos. Por lo que un trabajo sistemático desde las primeras edades y en la escuela, tanto de las habilidades cognitivas como las habilidades socioemocionales, asienta unas rutinas y unas capacidades de aprendizaje muy positivas para toda la vida académica de los alumnos.

Los niños tienen su primer contacto escolar a la edad de 3 años, y es en el aula donde inician sus primeras relaciones sociales. Además, durante la edad preescolar el cerebro pasa por una etapa importante de plasticidad en la que toda estimulación significativa que provenga de su entorno se refleja en cambios duraderos e importantes para su desarrollo. Por estos motivos, es muy importante dar en Educación Infantil los primeros pasos para entrenar procesos cognitivos y rutinas de estimulación cerebral.

Se puede integrar el trabajo de las funciones ejecutivas en esta etapa desde una perspectiva sistemática, pautada y adaptada al nivel evolutivo del niño. Los beneficios son claros: se fortalece la atención y se potencia el aprendizaje en una de las etapas más efectivas y rápidas para aprender, se promueve la autorregulación, se aprovechan también las capacidades psicofísicas de los niños, a la vez que se pueden detectar y prevenir problemas de aprendizaje, observando déficits perceptivos que de no corregirse podrían desencadenar dificultades en el proceso lectoescritor o de cálculo.

En cuanto a la educación emocional se ha dado un paso más allá en el descubrimiento y regulación de las emociones para incidir en el reconocimiento y gestión de las emociones de los demás; y en el trabajo de las habilidades para interactuar, que ayudarán a promover relaciones positivas, las llamadas habilidades socioemocionales.

Según Ángela Barrios, doctora en Psicología y docente en la Universidad Autónoma de Madrid: “Las habilidades socioemocionales no son un rasgo de la personalidad, son conductas que se aprenden y la escuela como escenario tiene que dar esas oportunidades, las experiencias de vivirlo”.

Por su parte Héctor Gutiérrez, doctor en Psicología y docente en la Universidad Autónoma de Madrid, destaca que “la etapa infantil es la mejor para comenzar ese entrenamiento de las habilidades socioemocionales”, y añade que “aprender estas habilidades supone una mejora del clima del grupo, de la convivencia así como del rendimiento y de aspectos cognitivos”.

SM lanza para Educación Infantil el método Castoria, elaborado en colaboración activa con una comunidad de maestros y basado en las últimas investigaciones de neuroeducación, integrando de manera transversal las funciones ejecutivas más acordes con esta etapa: memoria de trabajo, control de la atención, resolución de problemas e inhibición del impulso.

Este método sistematiza y ordena una serie de actividades y rutinas de manera transversal a lo largo de todo el curso, para que el niño aprenda a autorregularse a la hora de gestionar su proceso de aprendizaje. Se lleva a cabo en tres niveles: cuentos, actividades y juegos, y una guía de trabajo para el profesor.

Castoria integra también un programa de educación socioemocional para aprender a descubrir las emociones y a gestionar sus relaciones con los demás y mejorar la convivencia. Otro de los ejes del proyecto es la cultura maker, que enseña a hallar soluciones creativas a los problemas de forma colaborativa. Esto les permite pensar, buscar, hacer, diseñar… para llegar a una construcción colectiva del conocimiento, incluyendo el trabajo con la robótica.

Y, por último, la gamificación, que le permitirá desarrollar las habilidades múltiples de manera colaborativa y divertida. Porque otra de las tesis de la neuroeducación es que lo novedoso y retador, lo que suscita mayor curiosidad, está relacionado con la activación de regiones cerebrales asociadas al placer y, por tanto, con la liberación de dopamina, promoviendo la consolidación de la memoria en el hipocampo y facilitando el aprendizaje.

Más información de Castoria: www.smcastoria.com

 

 

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