• Educación

Finalidad y carácter de la clase de Religión

Algunos profesores de Religión se han planteado una cuestión sin respuesta fácil: ¿tiene sentido enseñar religión católica a alumnos cuyas familias no tienen interés en que conozcan su significado?

Por Francesc Riu i Rovira de Villar.

Artículo rescatado de la revista Religión y Escuela de editorial PPC.

 

En las sociedades occidentales, a lo largo de los últimos años, el proceso de secularización ha provocado un profundo cambio en el modo de pensar de las personas en relación con las cuestiones religiosas. Este cambio no solo ha sido profundo, sino que, además, se ha realizado a un ritmo acelerado, y ello ha afectado al grado de vivencia religiosa de muchas familias. Nos encontramos con padres y madres que en su momento recibieron el sacramento del bautismo y ahora no muestran ningún interés en bautizar a sus hijos. Ello no impide que acudan a una escuela católica para educar en ella a sus hijos; si estos se educan en una escuela pública, a sus padres no les importa si frecuentan las clases de Religión.

No deberá ser considerado un problema, sino una oportunidad.

La sociedad es cada día más plural desde el punto de vista religioso, es decir, convivimos con personas de creencias religiosas muy diversas; además, una proporción considerable de ciudadanos no practican ninguna religión. Esta situación suscita un interrogante: ¿qué sentido puede tener plantear cuestiones religiosas a las personas que no se interesan por ninguna religión?

Corremos el riesgo
Los que hemos aceptado el mensaje salvador de Cristo Jesús corremos el riesgo de creer que carece de sentido plantear cuestiones de carácter religioso fuera de la comunidad cristiana, por una razón: damos por supuesto que no son de interés para el conjunto de los ciudadanos. Esta actitud sería impropia de los seguidores de Jesús, que ha manifestado claramente que su mensaje debe llegar a todos, sin distinción de razas, pueblos y culturas.

He aquí cómo la congregación para la educación católica ha descrito este fenómeno que se da en las sociedades secularizadas:“El avance del proceso de secularización en la sociedad occidental, caracterizada cada vez más por el multiculturalismo, podría producir una fuerte marginación de la experiencia religiosa, admitiéndola como lícita solamente dentro de la esfera privada. Más en general, se asiste hoy a un tácito rechazo de la cuestión antropológica, o sea, de la cuestión relativa a la plena dignidad y al destino del ser humano. Se abre paso así la pretensión de arrancar totalmente de la cultura cualquier expresión religiosa. Con ello, se pierde la conciencia del valor precioso de la dimensión religiosa en orden a un fructífero e incitante diálogo intercultural. Junto a esta línea general, hay que registrar la presencia de otros fenómenos que también amenazan con infravalorar la importancia que para la cultura tiene la experiencia religiosa. Pensemos en la difusión de las sectas y del New Age, el cual se ha identificado tanto con la cultura moderna que ya casi no se le considera una novedad” (Educar para el diálogo intercultural en las escuelas católicas, 9).

Si esto es lo que sucede en las sociedades secularizadas y multiculturales, no sería lógico que se diera también en las clases de Religión, sobre todo en las escuelas católicas, cuyo carácter propio supone la oferta de una educación integral que se inspira en los valores evangélicos y tiene el compromiso de hacer una aportación específica a la labor evangelizadora que la Iglesia realiza en la sociedad.

Tanto las relaciones entre las personas como el trabajo escolar tienen lugar sobre todo mediante la acción docente de los profesores. Es lógico plantear esta cuestión fundamental: ¿cómo pueden los profesores de Religión cumplir el compromiso de la evangelización mediante la acción docente y educativa? Hablamos del compromiso de realizar una acción claramente evangelizadora, una acción que no debe suponer ni imponer la práctica de ninguna religión y, mucho menos, la vivencia de la religión católica.

Los profesores programarán las enseñanzas de la asignatura de Religión y los procesos de aprendizaje de los alumnos teniendo en cuenta la diversidad de situaciones en que estos se encuentran desde el punto de vista religioso. Esta realidad no deberá ser considerada un problema, sino una oportunidad desde la perspectiva de la misión evangelizadora por parte de los educadores cristianos en todo tipo de escuelas.

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