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Jueves, 26 Noviembre, 2020 - 15:30

Conversaciones sobre Ciudadanía global con sentido: Educar desde la ética del cuidado

En el marco del programa Conversaciones sobre Educación para una Ciudadanía global con sentido de Fundación SM, se celebró el pasado miércoles 18 de noviembre el segundo encuentro virtual “Educar desde la ética del cuidado”.

Las circunstancias especiales que vivimos con la pandemia, nos han ayudado a descubrir la importancia de los cuidados esenciales. Por eso, reconocemos la tarea fundamental de nuestros padres y, muy especialmente en este tiempo marcado por un virus letal, la del  personal sanitario  y la de  quien cuida de nuestros mayores en las residencias y casas particulares. Por último, la de ese grupo al que tanto debemos socialmente que han hecho de la educación su vocación en el aula. Profesores que cuidan y tratan de cuidarse, que abren a sus alumnos al cuidado de la vida sostenible y del planeta habitable.

Descargar relato gráfico de la conversación. Ilustradora, Teresa Bellón 

 

¿Qué es la ética del cuidado?

El filósofo y matemático colombiano Bernardo Toro remarca la necesidad de un cambio de paradigma educativo a través de la ética del cuidado. El paradigma del éxito adoptado por la sociedad hasta ahora, que coloca en el centro ganar, acumular, ser importante, nos pone en peligro como especie humana y pone en peligro el planeta que habitamos.

¿Cómo resolvemos este problema? Con el nuevo paradigma del cuidado, y este nuevo paradigma implica una nueva ética: la ética del cuidado.

La ética del cuidado tiene tres valores fundamentales: saber cuidar, saber hacer transacciones ganar-ganar, y saber conversar. El Cuidado es el centro de este nuevo paradigma y tiene una doble función: previene los daños futuro y repara y regenera los daños pasados.

Cuidar en el aula

La ética del cuidado se complementa con una verdadera educación para la paz y con la adopción de una ética práctica. El concepto de “cuidado” surgió en un contexto en el que se aplicaba solo a la mujer como el desarrollo de ciertos valores necesarios para cuidar el hogar. La educación tiene un papel fundamental a la hora de quitarle esta carga de género al cuidado. El cuidado debe incluirse en la educación como fin, como un objetivo donde se enseñe el autocuidado, el intercuidado y el transcuidado (cuidado al Planeta); así como un medio, una metodología en la que la atención y el cuidado del alumno y del aula sean esenciales.

Por otra parte, es importante tratar con los alumnos y alumnas cinco dimensiones: la corporal, integrar lo corporal cohesionando cuerpo y alma para que forman parte de un todo; la intelectual, trabajando el mundo de las ideas y los pensamientos; la dimensión emocional, la importancia de educar las emociones; la social, ya que nuestra vida se desarrolla en la relación con los que nos rodean; y la espiritual, como un concepto más global no solo confesional.

Cambio de paradigma

La crisis del coronavirus nos está avisando de nuestros propios límites, la ética del cuidado pone en el centro de sus preocupaciones la vida sostenible, la vida ajustada a nuestras necesidades. Es necesario un cambio de paradigma educativo, debemos plantear el para qué estamos educando y desde dónde educamos.

¿Cómo lograr este cambio? Teniendo en cuenta dos verdades básicas. La primera, todos los seres humanos somos interdependientes, y de ahí brotan diversas aplicaciones al aula: el reconocimiento necesario, en especial al invisible de la clase; el reconocimiento de la diversidad favoreciendo la inclusión de todos y todas; favorecer la cultura del cuidado en nuestros espacios educativos; y redescubrir la educación como acompañamiento en el desarrollo de la vida.

La segunda verdad, los seres humanos somos ecodependientes y eso significa una educación en la que nos reconocemos formando parte de la Tierra, no como sus dueños.

¿Cómo vincular la ética del cuidado con la ciudadanía global? Ciudadanía ecosocial

La ciudadanía global se va transformando a través de la ética del cuidado en ciudadanía ecosocial. La ciudadanía global surge en medio de una gran crisis económica y política; así como del cambio climático y la pandemia del coronavirus. Por eso hablamos de ciudadanía ecosocial, que complementa la tradición de ciudadanía global, cosmopolitismo cívico y amistad social.

La ética del cuidado vincula la ética de la justicia y la ética del cuidado, tradicionalmente separadas. Y hace hincapié en las competencias blandas- la empatía, el cuidado de la palabra, el saber escuchar, el pedir perdón – todo esto, forma una ciudadanía global donde lo “eco” ya no es un apéndice, sino algo esencial que conforma una ciudadanía global.

En conclusión,  la ciudadanía podemos definirla como el proceso de cuidarnos entre nosotros y cuidar al planeta. El cuidado nos aporta una visión de la ciudadanía desde la responsabilidad, que nos lleva a una ciudadanía participativa, una ciudadanía que se involucra, que puede ser agente de cambio.

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